Vendedores de Santa Cruz enfrentan la lluvia para llevar sustento a sus familias
A pesar de las inclemencias climáticas, los comerciantes informales en Santa Cruz perseveran en su labor diaria, adaptando sus puestos para garantizar sus ingresos.

Las intensas lluvias y los fuertes vientos que azotaron Santa Cruz no detuvieron a los vendedores informales de la ciudad. Desde tempranas horas, comerciantes y vivanderas se organizaron en la zona norte, modificando sus puestos y kioscos para resguardar sus productos y seguir atendiendo a sus clientes.
Utilizando hules, plásticos y sombrillas sujetas ante las ráfagas de viento, estos trabajadores de la economía barrial mostraron una notable determinación por continuar con sus actividades, a pesar de las adversidades.
"La venta está baja, así nomás es, no hay gente. Hay que salir sí o sí, porque los trabajadores también consumen. El comerciante sufre más que cualquier empresario: sufrimos en la lluvia, en el sol, en el viento, en todo sufrimos," señaló resignada una vendedora.
A pesar de su compromiso, las condiciones climáticas afectaron la cantidad de compradores, resultando en una disminución notable en las ventas. Para muchos de estos comerciantes, quedarse en casa no es una opción viable debido a la dependencia de sus ingresos diarios.
Además de las pérdidas económicas, la salud de los vendedores también se ve comprometida por la exposición a enfermedades respiratorias tras largas horas bajo la lluvia. "Es riesgoso, uno tiende a enfermarse o resfriarse. Pero sí o sí hay que salir, porque si no, no hay nada en la casa," comentó otra comerciante mientras ajustaba su cubierta plástica.
Para muchos padres y madres de familia que son pilares del comercio barrial, el sacrificio cobra sentido al pensar en sus seres queridos. "Es sacrificado, pero es necesario porque llevamos el día a día para los niños. Hay que poner plástico, hule y buscar cómo cubrirse de la lluvia," agregó una vendedora de la zona.
Esta situación ilustra la realidad de cientos de familias en los barrios de Santa Cruz, donde el comercio informal se convierte en el motor de sostenimiento, persistiendo sin interrupciones ante las adversidades climáticas.