viernes 18 de septiembre de 2026 · Santa Cruz de la Sierra, Bolivia
Sociedad

El impacto del Súper El Niño ya se siente en Bolivia

Los efectos del Súper El Niño comienzan a afectar a varios departamentos del país, evidenciando la necesidad de medidas preventivas urgentes.

Por Ronald Cuéllar · 24 de agosto de 2026

A pesar de que el fenómeno conocido como Súper El Niño aún no ha manifestado todo su potencial, sus primeras consecuencias ya son evidentes en Bolivia. La sequía ha afectado a 26 municipios en seis departamentos, mientras que las represas de La Paz reportan una disminución de agua significativa. Además, en la Chiquitania se ha observado una reducción del caudal en pozos y se han declarado emergencias en diversas regiones del Chaco.

Los estudios realizados por científicos a nivel internacional revelan que el calentamiento de las aguas del océano Pacífico, asociado a este fenómeno, ha superado los dos grados centígrados. Esta elevación de la temperatura ha llevado a clasificarlo como un "Súper El Niño", y se relaciona históricamente con eventos climáticos más severos.

Tradicionalmente, se relacionaba el impacto de El Niño con el verano austral y las festividades navideñas. Sin embargo, sus efectos han comenzado a manifestarse mucho antes. A nivel global, se han registrado sequías, incendios, olas de calor e inundaciones, y Bolivia no es la excepción, pues se prevé que la situación se agrave durante 2026 y parte de 2027.

Pronósticos preocupantes para diversas regiones del país.

El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi) ha emitido advertencias claras sobre las condiciones climáticas que se avecinan. El occidente y el altiplano se enfrentarán a lluvias insuficientes y sequías más severas, mientras que el oriente podría experimentar aguaceros intensos e inundaciones. Este fenómeno afectará a nivel nacional, poniendo en riesgo la disponibilidad de agua, la producción agrícola, la ganadería y el suministro energético.

La realidad es que Bolivia se enfrenta a esta crisis en un contexto de vulnerabilidad. La economía ya sufre por la falta de divisas y el desabastecimiento de combustibles, sumado a una recuperación frágil tras conflictos sociales recientes. Un evento climático severo podría agravar los problemas existentes.

En este sentido, se propone la creación de un Consejo Nacional de Prevención que integre a diversas instituciones públicas, sectores productivos y organismos técnicos. La idea es clara: "No podemos controlar el clima, pero sí su impacto", lo que subraya que la prevención resulta más económica que la reconstrucción posterior y puede salvar vidas y recursos.

El Gobierno ha presentado un plan de contingencia basado en la Ley 602 de Gestión de Riesgos, lo que es un paso en la dirección correcta. Sin embargo, es crucial que esta planificación se traduzca en acciones efectivas. Los municipios requieren apoyo inmediato para evitar que los pozos se sequen y que las pérdidas agrícolas sean irreparables. La gestión del agua en las ciudades debe ser fortalecida antes de que se impongan restricciones a millones de habitantes.

Aún hay tiempo para que Bolivia se prepare ante los desafíos que se avecinan. Aunque los primeros efectos ya están presentes, las proyecciones sugieren que lo más crítico aún podría llegar. La diferencia entre mantener la crisis bajo control y enfrentar un desastre dependerá de la capacidad del país para actuar de manera oportuna, transformando las advertencias en decisiones efectivas.