lunes 2 de noviembre de 2026 · Santa Cruz de la Sierra, Bolivia
Sociedad

El impacto del experimento Milgram en el estudio de la obediencia

Investigaciones recientes continúan explorando cómo la obediencia a figuras de autoridad puede llevar a comportamientos éticamente cuestionables, revelando aspectos inquietantes de la naturaleza humana.

Por Mariela Terceros · 1 de noviembre de 2026

Emilie Caspar, profesora de psicología experimental en la Universidad de Gante, Bélgica, investiga el impacto de la obediencia en la actividad cerebral. En sus experimentos, los participantes administran descargas eléctricas reales y moderadas a otros sujetos, con el fin de entender mejor los mecanismos detrás de la obediencia.

El experimento original de Milgram, realizado en 1961, comenzó con un anuncio en el New Haven Register en Connecticut, que invitaba a personas a participar en un estudio sobre la memoria, ofreciéndoles una compensación de 4 dólares por su tiempo. Un total de 40 hombres se inscribieron, y bajo el pretexto de un ejercicio de aprendizaje, se les solicitó administrar descargas eléctricas a otro individuo.

Los resultados fueron sorprendentes: el 65% de los participantes llegó a aplicar la máxima descarga eléctrica, incluso cuando la víctima parecía estar sufriendo. Este experimento se desvió de su objetivo inicial y se enfocó en la obediencia, lo que ha sido replicado en diversos contextos a lo largo de los años.

Repeticiones y hallazgos sobre la obediencia humana

Jerry Burger, en 2009, realizó una modificación del experimento de Milgram y encontró que el 70% de los participantes obedecieron hasta el final, revelando que tanto hombres como mujeres mostraron comportamientos similares. Su estudio también confirmó que el contexto y la presión social juegan roles determinantes en la obediencia.

Según el profesor Tomasz Grzyb, las personas a menudo subestiman su capacidad de resistencia ante órdenes que contradicen sus valores. Esto es evidente en estudios como el de Grzyb, donde el 90% de los sujetos obedecieron hasta el final, mostrando la facilidad con la que se puede caer en la obediencia ciega.

Caspar añade que la actividad cerebral varía según si la persona obedece o decide actuar por su cuenta. Sus investigaciones sugieren que al recibir órdenes, las áreas del cerebro vinculadas a la empatía y la responsabilidad son menos activas, lo que puede facilitar que las personas causen daño a otros.

La investigación también resalta que el comportamiento individual en situaciones de autoridad es difícil de predecir, contradiciendo la creencia común de que la empatía sería un factor determinante para resistir órdenes inmorales. Esto plantea la necesidad de educar sobre los factores sociales que influyen en nuestras decisiones, tanto en entornos experimentales como en la vida diaria.

En conclusión, es fundamental reflexionar sobre la obediencia y cómo se puede fomentar una toma de decisiones más consciente y ética en situaciones donde la autoridad puede ejercer una influencia negativa.

"Lo siento, no puedo hacerle eso a un hombre" fue la respuesta de un voluntario que se negó a continuar con el experimento, destacando que la resistencia es posible incluso en circunstancias coercitivas.