El futuro del gas en Bolivia: decidir entre producción y dependencia
Bolivia debe enfrentar una crucial decisión sobre su industria gasífera que impactará su economía, empleo y desarrollo energético a largo plazo.

La situación actual de Bolivia en el sector energético es crítica y requiere de decisiones inmediatas. Sergio Giorgi, Gerente General de TotalEnergies EP Bolivie, expone en una reciente entrevista los desafíos de la disminución en la producción de gas y las implicaciones de los subsidios en la economía nacional.
El país se encuentra en un cruce de caminos: debe optar entre fomentar la producción interna de gas o aceptar la importación de energía, lo que resultaría en una mayor dependencia económica y una pérdida de ingresos en dólares. Esta elección no solo es técnica, sino que tiene profundas repercusiones en el empleo y las finanzas del Estado.
Durante mucho tiempo, el gas fue el pilar central de la economía boliviana, pero la falta de inversiones en exploración ha llevado a una disminución en la producción. Esta caída se traduce en menos exportaciones, menos ingresos y un aumento en el déficit fiscal.
Para revertir esta situación, Giorgi señala que no basta con buenas intenciones. La clave está en generar confianza para atraer inversión, lo que implica cumplir con los compromisos existentes y garantizar pagos oportunos a los productores.
La inversión internacional busca ambientes de riesgo manejable y retorno atractivo. A pesar de que Bolivia cuenta con ventajas como infraestructura y experiencia técnica, la falta de condiciones favorables en el sector gasífero ha llevado a que los capitales se desvíen hacia otros países.
El dilema de los subsidios y el precio del gas
Los subsidios en el sector hidrocarburífero son un tema delicado. Giorgi sugiere que la política de subsidios debe ser revaluada, enfocándose en la asistencia a las familias más vulnerables y evitando que se beneficien aquellos que pueden costear el precio real del gas.
El gas debe tener un precio justo para mantener la viabilidad de su producción en el país. Importar gas a precios internacionales podría resultar más costoso y perjudicial para la economía boliviana, que enfrentaría una creciente fuga de divisas.
Giorgi concluye que Bolivia todavía tiene la posibilidad de cambiar su rumbo, pero cada año sin exploración conlleva a menos reservas y mayores problemas económicos. La pregunta es qué tipo de país se quiere construir: uno que produzca su propia energía o uno que dependa cada vez más de las importaciones.
La agenda de acciones debe incluir el cumplimiento de contratos, reconocimiento del valor real del gas, y una reforma en la Ley de Hidrocarburos que incentive la inversión y la exploración. Las decisiones que se tomen hoy tendrán un impacto significativo en las generaciones futuras.
El futuro del gas en Bolivia es un tema que requiere atención inmediata y decisiones valientes, ya que el tiempo corre y la situación se vuelve cada vez más crítica.