CRE conmemora el grito libertario de 1810 con una retreta cultural
Más de 600 personas se unieron a la celebración organizada por la Cooperativa Rural de Electrificación, rememorando las gestas libertarias cruceñas en un evento lleno de música y danza.

La Cooperativa Rural de Electrificación (CRE) llevó a cabo una emotiva retreta cultural para recordar el alzamiento cruceño por la libertad, congregando a más de 600 asistentes en el patio de su sede. Este evento se desarrolló cerca del paseo del "Arco de la Cruceñidad", donde artistas locales se unieron para rendir homenaje a la historia de lucha de Santa Cruz.
La celebración, que tuvo lugar el viernes por la noche, inició poco después de las 19:00 con la intervención de José Alejandro Durán Rek, presidente del Consejo de Administración de CRE. En su discurso, Durán resaltó la relevancia de preservar las tradiciones y la identidad cultural de Santa Cruz.
El evento contó con la participación de diversos artistas, comenzando con Darwin Olmos, seguido por Sebas Soliz y Tiziana Zankyz. Posteriormente, el Coro Canta Cruceño y otros artistas como Elvita Quintela, Sonia Barrientos y Guísela Santa Cruz presentaron sus repertorios, cerrando la velada el invitado especial Tingo Vincenti.
Durante la retreta, los asistentes disfrutaron de música oriental y bailarines, además de degustar bebidas típicas como chicha, mocochinchi y somó, que fueron ofrecidos de manera gratuita por mujeres ataviadas con tipoy. Familias enteras participaron en este homenaje a los próceres de la libertad cruceña, creando un ambiente de fiesta y compañerismo.
Esta iniciativa, que busca resaltar y conservar las manifestaciones culturales y artísticas del oriente boliviano, se ha llevado a cabo desde 2007. Luego de cinco años sin celebraciones debido a incendios y la pandemia de Covid-19, en 2024 se retomó con gran entusiasmo, demostrando el interés de la comunidad por sus raíces.
Los participantes también aprovecharon la ocasión para recorrer el "Arco de la Cruceñidad", un paseo que la CRE organiza cada septiembre, adornado con 1.000 sombreros de saó y elementos que representan especies en peligro de extinción de la flora y fauna local.