Brasil impulsa conexión al Pacífico desde San Ignacio de Velasco
Un proyecto brasileño busca unir Mato Grosso con San Ignacio de Velasco, abriendo una nueva salida comercial hacia puertos peruanos y aprovechando la producción de soya de la familia Maggi en Bolivia.

El ambicioso proyecto tiene como objetivo establecer una conexión entre Mato Grosso y San Ignacio de Velasco, un municipio en la Gran Chiquitania cruceña, facilitando así el acceso a los puertos del Pacífico. Esta iniciativa, presentada por Eraí Maggi, conocido como el ‘rey de la soya’, al Gobierno de Brasil, pretende beneficiar la exportación de más de 50 millones de toneladas de granos que el estado brasileño produce anualmente.
La ruta proyectada incluye una extensión de aproximadamente 148 kilómetros desde Laguna Marfil hasta Palmarito, y otros 77 kilómetros hacia Vila Bela en Brasil. Esta obra busca reactivar la conexión fronteriza que se había mencionado desde la década de 1990, promoviendo el intercambio comercial entre ambos países.
Herland Melgar, presidente de la Cámara de Transporte del Oriente (CTO), señala que la potencial salida de productos brasileños hacia el Pacífico podría transformar a Bolivia, y en particular a Santa Cruz, en un corredor logístico clave para el comercio internacional. Melgar menciona un acuerdo tripartito de 1998 que planteó la creación de diversos corredores bioceánicos, aunque muchos de ellos no fueron concretados.
El economista Gary Rodríguez destaca que la nueva infraestructura podría reducir costos y tiempos de transporte, lo que en última instancia beneficiaría a Bolivia al permitir un flujo constante de mercancías y la posibilidad de desarrollar servicios logísticos. Esto podría generar nuevos ingresos a través de actividades como transporte, almacenamiento y despacho aduanero.
A pesar del interés, el proyecto aún no cuenta con financiamiento confirmado. El ministro de transporte brasileño, George Santoro, indicó que se están evaluando las posibilidades de inversión, lo que genera incertidumbre sobre la concreción de la carretera. Mientras tanto, la familia Maggi ya ha comenzado a invertir en tierras en Bolivia, lo que sugiere un compromiso a largo plazo con el desarrollo de esta ruta.
Sin embargo, la propuesta no ha sido bien recibida por todos en Santa Cruz. El diputado Germaín Caballero planea convocar a un encuentro entre autoridades locales para discutir los posibles impactos. Su preocupación radica en que esta conexión podría favorecer principalmente al agronegocio brasileño, perjudicando a las tierras productivas y a los bosques de la región.
El debate sobre la viabilidad de este proyecto se centra no solo en las ventajas logísticas, sino en determinar quién obtendrá los beneficios económicos de esta conexión. Brasil busca mejorar su acceso a mercados asiáticos, mientras que Bolivia ya tiene rutas establecidas hacia Chile y Perú.
En conclusión, la posibilidad de una nueva ruta al Pacífico representa una oportunidad significativa para ambos países, pero también plantea desafíos que deben ser considerados cuidadosamente por las autoridades bolivianas.