martes 3 de noviembre de 2026 · Santa Cruz de la Sierra, Bolivia
Sociedad

Aumentan los conflictos por el ruido y la inseguridad en zonas de esparcimiento nocturno

En diferentes sectores de la ciudad, los vecinos manifiestan su descontento por el descontrol de bares y boliches que afectan su tranquilidad. Las autoridades aún no logran mitigar el problema de forma efectiva.

Por Gabriela Landívar · 20 de septiembre de 2026

La proliferación de bares, rockolas y otros locales de entretenimiento en áreas como San Lorenzo La Colorada ha llevado a los residentes a expresar su malestar. Los ruidos excesivos, las borracheras y las peleas se han vuelto comunes, y los controles por parte de las autoridades no parecen ser suficientes para abordar la problemática.

Los vecinos, agotados por la situación, decidieron organizar un recorrido por la zona para solicitar a los gerentes de estos locales que respeten el espacio público y reduzcan el volumen de la música. "No estamos en contra de su trabajo, pero deben tener respeto por quienes vivimos aquí", expresó una vecina durante la intervención.

El malestar es palpable en calles donde se encuentran numerosos establecimientos de este tipo. En una sola cuadra, se pueden contar hasta diez rockolas, cuyos clientes a menudo ocupan las aceras bebiendo, lo que genera incomodidad y una sensación de inseguridad para quienes transitan por la zona.

Las quejas sobre el descontrol no solo se limitan al volumen de la música. En varias ocasiones, vecinos han reportado la presencia de menores de edad y mujeres dedicadas a la prostitución en estos locales. Neyer Cueto, presidente de la junta vecinal, ha solicitado a las autoridades que tomen medidas efectivas para sancionar a quienes infringen las normativas.

El Gobierno Municipal asegura que está llevando a cabo controles regulares, pero muchos residentes afirman que no son suficientes. Paulo Viruez, secretario de Seguridad Ciudadana, indicó que realizan operativos conjuntos con la Policía para verificar las licencias de funcionamiento y el cumplimiento de los horarios, ya que estos lugares deben cerrar a las 2:00 de la mañana de domingo a jueves y a las 3:00 los fines de semana.

Sin embargo, muchos de estos locales ignoran las reglas y operan durante toda la noche. A menudo, cuando la policía llega, estos establecimientos cierran temporalmente, pero reabren poco después, lo que mantiene la tensión en la comunidad.

Los residentes piden un mayor control y sanciones más severas para aquellos que no cumplen con la normativa. La situación ha llegado al punto en que algunos han sido amenazados por dueños de boliches al solicitar que bajen el volumen.