América Latina avanza en la reducción del hambre pero enfrenta aumento de obesidad y precios elevados
Un informe de agencias de Naciones Unidas revela que, aunque América Latina y el Caribe han logrado reducir el hambre de manera constante hasta 2025, aún hay 32 millones de personas afectadas por esta problemática. Este avance se traduce en una disminución de más de un millón de personas en comparación con el año anterior […]

Un informe de agencias de Naciones Unidas revela que, aunque América Latina y el Caribe han logrado reducir el hambre de manera constante hasta 2025, aún hay 32 millones de personas afectadas por esta problemática. Este avance se traduce en una disminución de más de un millón de personas en comparación con el año anterior y 7,5 millones menos que en 2020.
Se estima que la subalimentación afecta al 4,8 % de la población en la región, con mejores resultados en Sudamérica, donde la prevalencia ha caído al 5,1 %. Sin embargo, el Caribe enfrenta una situación alarmante, con un 16,6 % de su población sufriendo hambre en 2024, según el informe 'El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo' (SOFI 2026).
A nivel global, alrededor de 2.100 millones de personas padecían inseguridad alimentaria moderada o severa en 2025, siendo el 22,9 % de ellos residentes en América Latina y el Caribe, una cifra que, aunque relevante, muestra una mejora respecto al 33 % reportado en 2020.
El informe también destaca la creciente preocupación por la obesidad en la región, que ha aumentado en casi diez puntos porcentuales en la última década. En 2012, el 22,5 % de la población era obesa, cifra que se elevó al 31,5 % en 2024. Este fenómeno genera preocupación por las implicaciones sociales y fiscales de la obesidad, especialmente en un contexto donde muchas personas enfrentan simultáneamente el hambre.
Además, la anemia entre las mujeres ha mostrado un empeoramiento, alcanzando el 19,9 % en 2023. Este problema puede estar relacionado con una alimentación rica en calorías pero deficiente en micronutrientes esenciales como el hierro.
Los altos precios de una dieta saludable también son un tema candente, con un costo promedio de 4,91 dólares, lo que convierte a la región en la más cara del mundo en este aspecto. La falta de infraestructura adecuada para la conservación de frutas y verduras contribuye a este aumento de precios, generando importantes pérdidas de alimentos.
Expertos sugieren que una posible solución para mitigar el hambre es diversificar la producción y promover la agroecología. Esto no solo beneficiaría al medio ambiente, sino también reduciría la dependencia de los hidrocarburos, un aspecto crucial en un mercado global afectado por diversas crisis.