Una historia de superación: Nació en un pulmón de acero
Elizabeth Mennell, afectada por la polio, dio a luz a su hija Susan mientras estaba conectada a un pulmón de acero, un dispositivo esencial en su tratamiento durante años.

En 1956, Elizabeth Mennell, con 32 años y una exitosa carrera en el Ministerio de Asuntos Exteriores del Reino Unido, se encontró en una situación crítica tras contraer poliomielitis. Esta enfermedad la dejó paralizada y la obligó a permanecer hospitalizada durante tres años, gran parte de los cuales estuvo en un pulmón de acero, una máquina que facilitaba la respiración a los pacientes con problemas pulmonares.
Su hija, Susan Mennell, de 70 años y residente de Bookham, Surrey, narró que su nacimiento fue un evento extraordinario, ya que su madre probablemente fue asistida durante el parto mientras estaba en el pulmón de acero. "La polio afectó sus piernas, brazos y músculos intercostales, lo que complicó su capacidad de respirar sin ayuda", recordó Susan.
La poliomielitis, que afectaba principalmente a los niños pequeños, era un problema de salud pública en el siglo XX. En su momento, la enfermedad causaba parálisis o muerte en medio millón de personas anualmente a nivel global. En el caso de Elizabeth, la enfermedad resultó en una incapacidad permanente, ya que nunca volvió a caminar y no pudo interactuar físicamente con sus hijos como era habitual.
Los pulmones de acero, que han sido reemplazados por tecnologías más modernas, eran vitales para ayudar a aquellos cuyos pulmones habían sido afectados por la parálisis. Funcionaban aspirando aire del cilindro, lo que hacía que los pulmones se expandieran para permitir la respiración, y luego el aire volvía a entrar para desinflarlos.
A pesar de las dificultades, Elizabeth se mostró resiliente. Cuando regresó a casa tras su larga hospitalización, su vida y la de su familia había cambiado drásticamente. "Nuestra madre había sido una mujer activa que disfrutaba de actividades al aire libre, pero la enfermedad obligó a todos a adaptarse a una nueva realidad", explicó Susan. La familia recibió apoyo constante para ayudar a Elizabeth en su día a día, incluyendo el uso de una cama mecedora y un respirador.
A pesar de las adversidades, Elizabeth siempre mantuvo una actitud positiva. Su hija recordó que, aunque debía regresar al hospital frecuentemente, la familia estaba acostumbrada a la situación, describiendo una normalidad en su vida diaria. "Nunca la escuché quejarse por su condición, se dedicó a construir una vida con el apoyo de mi padre", afirmó Susan.
Lamentablemente, Elizabeth no pudo beneficiarse de la vacuna contra la polio, desarrollada por Jonas Salk en los años 50. A medida que la vacunación se implementó, los casos anuales de poliomielitis en el Reino Unido disminuyeron drásticamente. Sin embargo, todavía existen preocupaciones sobre la baja cobertura de vacunación actual, lo que podría permitir la reaparición de la enfermedad en el futuro, según expertos en salud.
Susan destacó el compromiso de su padre con su madre, y cómo este amor y dedicación establecieron un estándar familiar muy alto. A su juicio, Elizabeth no solo enfrentó su enfermedad con fuerza, sino que también entendía profundamente a las personas, lo que la hacía excepcionalmente empática y perceptiva.