Monseñor René Leigue insta a la comunidad a ser servidores y dejar de lado la envidia
Durante la misa dominical, el arzobispo de Santa Cruz compartió reflexiones sobre la parábola de los trabajadores de la viña, enfatizando la necesidad de superar la competencia y la comparación entre los creyentes.

En la misa de este domingo, el arzobispo de Santa Cruz, monseñor René Leigue, abordó la parábola de los trabajadores de la viña, que aparece en el Evangelio de Mateo, para animar a los fieles a dejar atrás la competencia, las comparaciones y el resentimiento.
Monseñor Leigue cuestionó la conducta de aquellos que, a pesar de su larga trayectoria en la fe, pueden convertirse en un obstáculo para los nuevos miembros de la comunidad. A partir de la parábola, hizo hincapié en que la justicia divina no se mide por la cantidad de trabajo sino por la generosidad de Dios.
El arzobispo señaló que, aunque la parábola puede parecer confusa al desafiar nuestra visión humana de justicia, es fundamental entender que todos los trabajadores recibieron lo mismo, independientemente de su tiempo de labor. En este sentido, enfatizó que la relación con Dios no debe ser vista a través de una lógica de méritos o recompensas.
"Los trabajadores somos nosotros; el dueño de la viña es Dios", aseguró. Reiteró que todos son invitados a trabajar en la viña del Señor, quien valora a cada persona sin distinción. La bondad divina, según Leigue, no debe ser motivo de envidia ni comparación entre los fieles.
El arzobispo también alertó sobre los peligros de la envidia y la calumnia que pueden surgir entre los miembros de la iglesia. Instó a la reflexión: quienes han estado más tiempo en la comunidad deben evaluarse a sí mismos y preguntarse si están dando los frutos esperados por Dios.
Finalmente, monseñor Leigue planteó una pregunta clave a todos los presentes: "¿Estoy aquí solo por estar o soy un verdadero miembro de la viña?". Esta reflexión busca que cada creyente examine su compromiso y aporte a la comunidad, recordando el mandato de Jesús a sus discípulos.
"Todos están invitados a ser parte de mi viña", concluyó el arzobispo, reafirmando su deseo de incluir a cada uno en la misión y en la comunidad de fe.