Bolivia incrementará producción de refinerías, pero seguirá siendo dependiente de importaciones de combustibles
A pesar de un aumento en la producción de las refinerías, el país no logrará alcanzar la autosuficiencia en combustibles y deberá seguir importando diésel y gasolina, según el especialista Orlando Vaca.

Las refinerías bolivianas aumentarán su producción, lo que podría ayudar a reducir costos y mitigar la escasez de combustibles. Sin embargo, aun así, el país continuará importando diésel y gasolina debido a que la capacidad instalada no es suficiente para satisfacer la demanda nacional.
Orlando Vaca, experto en hidrocarburos, indicó que Bolivia necesita alrededor de 92.000 barriles de petróleo crudo diariamente. En contraste, la capacidad máxima de las refinerías es de entre 60.000 y 64.000 barriles por día, lo que genera una brecha de casi 30.000 barriles.
Retos en la producción de petróleo y gas natural.
Incluso si las refinerías trabajan al máximo, será necesario importar combustibles terminados. Vaca subrayó que "independientemente de que estemos a máxima capacidad de refinación en Bolivia, igual vamos a tener que importar gasolina, diésel y jet fuel".
La reactivación de las refinerías puede disminuir costos de producción y aumentar la eficiencia al generar otros productos, como lubricantes. Sin embargo, el desafío fundamental radica en la falta de materia prima, ya que Bolivia produce poco petróleo.
El especialista anticipó que Bolivia podría comenzar a importar gas natural a partir de 2028 o 2029, lo que plantea un cambio drástico en su situación energética. Esto podría poner en riesgo la continuidad de las exportaciones y afectar la producción de electricidad, que actualmente depende en un 70% del gas natural.
Vaca también mencionó que la producción de petróleo ha disminuido drásticamente, pasando de cerca de 25.000 barriles diarios en 2006 a solo 3.000 barriles en la actualidad. Esta reducción se atribuye a políticas implementadas desde ese año que han desincentivado la inversión en exploración.
Finalmente, aunque se reconoce que aún existe potencial para aumentar la producción de gas y petróleo, el cambio en las políticas y condiciones fiscales podría tardar entre cinco a siete años en mostrar resultados significativos, lo que hace necesario comenzar a actuar pronto.