Renacimiento del vino cruceño: Una tradición que se revaloriza
Los valles de Santa Cruz resucitan la vitivinicultura, ofreciendo nuevas oportunidades para la inversión y el turismo a través de productos de alta gama.

La historia del vino en Bolivia está cambiando. En los valles cruceños, un grupo de emprendedores ha comenzado a rescatar y reinventar una tradición vitivinícola que había estado prácticamente olvidada. Entre ellos destaca Pedro Giménez, un vino que simboliza esta nueva era en la producción de calidades excepcionales en Santa Cruz.
Durante mucho tiempo, la vitivinicultura en Bolivia estuvo asociada principalmente con Tarija y, en menor medida, con Chuquisaca. Sin embargo, en los valles cruceños se gestó un movimiento que busca ofrecer vinos de alta gama, demostrando que Santa Cruz también tiene mucho que aportar en este ámbito. Esta nueva etapa de la vitivinicultura cruceña se remonta a los inicios de la ciudad, cuando ya se cultivaban uvas en la región desde el siglo XVI.
A pesar de su larga historia, la producción de vino en Santa Cruz ha atravesado altibajos significativos. Tras la independencia de Bolivia y el colapso del comercio colonial, la vitivinicultura se vio relegada a pequeños cultivos familiares. Fue en el siglo XX cuando, gracias a la labor de Sreko Mileta Dubocovic, se comenzó a experimentar nuevamente con el cultivo de uvas y la introducción de nuevas variedades en Samaipata.
El verdadero resurgimiento se dio en el siglo XXI, cuando Francisco Roig Justiniano, tras sus estudios de Enología en la Universidad de California, identificó las condiciones óptimas de los valles cruceños para la producción vinícola. Esto llevó a la creación de Vinos 1750 y al surgimiento de otras bodegas que están dinamizando la actividad vitivinícola en la región.
Las cifras son claras: entre 2013 y 2024, la superficie dedicada a la viticultura en Santa Cruz creció de 121 a 523 hectáreas, lo que representa un aumento del 325%. Asimismo, la producción de uva pasó de 1.265 a 6.655 toneladas, mientras que la elaboración de vino alcanzó los 228.340 litros en 2024, casi el doble que en 2022.
La visión de futuro de los emprendedores del vino en la región no solo se centra en la producción, sino en crear una identidad vitivinícola que permita a Santa Cruz competir en el mercado nacional e internacional. Este desafío implica la utilización de variedades de uva tradicionales y la exploración de cepas poco comunes, buscando siempre resaltar las características específicas de su terroir.
La búsqueda de calidad también involucra decisiones complejas en cada etapa del proceso de vinificación, desde la elección del tipo de barrica hasta el tiempo de maduración. Estas decisiones son cruciales para definir el perfil de cada vino y su potencial de mercado.
En un contexto donde el vino se ha transformado en una verdadera industria, el conocimiento técnico se vuelve fundamental. Entender el suelo, el clima y las variedades adecuadas, además de dominar cada fase de la producción, es esencial para añadir valor a la oferta vitivinícola de los valles cruceños.
Con un renacimiento aún en sus primeras etapas, el vino de Santa Cruz no solo promete un futuro brillante para la vitivinicultura cruceña, sino que también se vislumbra como una oportunidad para el desarrollo económico, la generación de empleo y el impulso del enoturismo. Así, cada botella que se sirva será un recordatorio de cuatro siglos de historia vitivinícola que están volviendo a cobrar vida.